Cuando la jungla de concreto toma el control de la opera y las negritas y corcheas ya no dibujan los suaves contornos de su rostro.
Cuando tus latidos cambian su repertorio y lo transforman en vanales lisonjas hacia ella.
Cuando tus manos ya no reconocen su piel al acariciarla y solamente sientes su aspereza e imperfección.
Cuando al mirarla a los ojos ves solamente dos pupilas y ya no eres capaz de ver su alma.
Cuando las canciones dejan de describir tus sentimientos y pasan a ser simplemente letras y melodías sin sentido que adornan tu día a día como lo hacen el silbido del viento y los ladridos de los perros callejeros.
Cuando sus mentes se dividen y dejan de tener aquella conexión que los mantenía unidos aun cuando no estaban hablando o escribiéndose el uno al otro.
Cuando te das cuenta que ya nada vale.

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